04 enero, 2006

Orisel Martínez, una gimnasta con un corazón muy grande


Los que gustan de hurgar en predicciones zodiacales dirían de la gimnasta Orisel Martínez (Cáncer), que es perseverante, familiar y apasionada al mar. Sin embargo, su dulzura al hablar, la humilde historia de cómo se hizo campeona y el amor por la disciplina que la hizo famosa no aparecen en los horóscopos. Son privativos de su vida.
Ranchuelo, Villa Clara, vivía en 1960 los primeros meses del fervor por la revolución triunfante, que comenzaba a transformar con justicia y oportunidades la vida de la gente. Ese mismo año nació en una de las casas humildes y despintadas del pueblo, la niña que tanto deseaba la familia
Martínez-Benavides, convertida tiempo después en una de las pocas deportistas —la primera gimnasta— en la historia de ese municipio.
Las “paradas de cabeza” de su hermano en el portal de la casa, lejos de asustarla propiciaron laperfecta imitación de Orisel a los 6 años. Pensar en 1966 que de esas piruetas nacería una gimnasta sólo era posible en los sueños de la niña, aunque sus padres nunca se opusieron a que empezara a practicarla en el pequeño local del pueblo, con piso de tabla y casi ningún aparato.
A los pocos meses ganó una beca para la escuela deportiva Jorge Agustín, en Cienfuegos. Ranchuelo comenzó a quedarse entonces para las visitas ocasionales y como una de sus grandes nostalgias. En 1971 conoció La Habana al ser captada para la escuela nacional y una frase de sus padres quedó guardada en la memoria: “Cuídate, mi niña, y trata de darle muchas glorias a este país”.
Los premios no demoraron, y en 1974 asistió a sus primeros Juegos Centroamericanos y del Caribe en Panamá, donde fue la más joven de la delegación cubana. Dos años después sufrió la primera y gran amargura de su carrera: Por consideraciones técnicas que minimiza hoy con la sencillez de una paloma herida, quedó fuera de los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, pese a estar clasificada.
Privilegiada por el talento natural se convierte reina en la cita regional de Medellín, 1978, pero un elemento que hacía cotidianamente en la viga de equilibrio lastimó su espalda hasta llevarla a una operación a finales de ese año por espina bífida. Nadie esperó una recuperación tan rápida de Orisel, pero lo cierto es que cinco meses más tarde estaba de nuevo sobre el tapiz, para los Juegos Panamericanos de 1979.
La medicina deportiva, su voluntad y sacrificio para desafiar posibles limitaciones de la lesión y el apoyo de otro grande de la disciplina en Cuba, Roberto León Richard —inició allí un noviazgo que dura hoy 23 años de casados—, le devolvieron la sonrisa mayor a quien poco tiempo después ganaría las medallas más importantes de su carrera.
Primero fueron los Juegos Centroamericanos y del Caribe de La Habana (1982) y meses más tarde la cita continental de Caracas en 1983. Allí, América la vio subir a lo más alto del podio como la más completa de la lid, algo que jamás otra cubana ha podido lograr en estos certámenes. “Acabaste, niña, la gloria eres tú”, le dijo su padre en el sillón de la casa en Ranchuelo al regreso de Venezuela.
Luego vino el primer embarazo, las clases de licenciatura y los catorce años de profesora en el Instituto de Cultura Física. Hasta que otra pasión la acercó más a los aparatos: el arbitraje, sin renunciar a sus entrenamientos con niñas en la base, tal y como hace en la actualidad en la escuela Guido Fuentes de la capital.
Preocupada por todos los días robarle energía a la luz solar; incesante defensora de la unidad familiar; y fiel enamorada de la educación de sus hijas, Orisel y Marisel; la gimnasta ha hecho lo que muchos desean hacer siempre y pocos logran: ser feliz desde lo que ama, desde la gimnasia, desde la vida.
Todavía Ranchuelo parece cerca en su memoria, aunque sus padres le recuerdan de vez en cuando los más de 35 años trascurridos desde que salió de allí soñando ser campeona. Junto a las medallas deportivas están ahora los títulos de vanguardia nacional, aunque para ella sigue siendo más importante, como para el poeta: dar amor.

2 comentarios:

Ricardo dijo...

Soy Ranchuelero de corazón y alma, de la familia deportiva se puede hacer un libro, pero Orisel esta en un sitial especial, algún día alguien debe escribir de los demás atletas y entrenadores del pueblo que le ha dado tantas glorias al deporte

Anónimo dijo...

Acaso Orisel no es la madre también de ese otro gran gimnasta que es Charles León?